viernes, 12 de septiembre de 2014

Ella


Ella se levanta a la misma hora de siempre para preparar el delicioso café que siente necesidad de tomar todas las mañanas. Se viste y maquilla y después se despega del blanco tocador lleno de diferentes productos para ver lo preciosa que es a través del espejo, para después escoger el bolso que utilizará esta mañana fría de invierno. Mete en él el nuevo móvil que se compró hace unas semanas, la cartera y esos guantes negros que tanto le gustan. Coge su llavero, inspira el olor a incienso de su casa y sale por la puerta dando un golpe seco y firme. Cierra la puerta con una llave rosa que pintó con su madre cuando era a penas una adolescente. Cuánto a cambiado su vida desde entonces... Se dispone a bajar a pie las escaleras, nada de ascensor, ¡hay que tonificar esas largas piernas! Suena un ligero taconeo mientras baja los escalones, ya que hoy ha decidido ponerse los tacones negros que se compro el año pasado en Londres.
Sale a la calle y coge un taxi. Da las gracias al taxista cuando baja del vehículo, paga y sale sonriente del coche hacia su lugar de trabajo: un alto edificio en la ciudad. Saluda a los trabajadores de la limpieza que pasan la mopa cuidadosamente por cada rincón de los largos y anchos pasillos del edificio y se dirige hacia el ascensor: el edificio es demasiado alto como para subir a pie hasta la última planta. Se abren las puertas y entra. Hay un par de personas más, pero no tardan en dejar el ascensor, y entra y sale más gente en cada planta. Le gusta observar a las personas que se encuentra en esos seis metros cuadrados. ¿Cómo serán sus vidas? ¿Serán felices? Posiblemente, nunca lo sabrá. Finalmente, llega a la planta número 16. Se abren las puertas del ascensor y sale disparada hacia una de las puertas blancas que hay en la planta. Se puede leer el número 23 escrito con unos trazos muy sutiles de color gris. Llama a la puerta y entra, saludando a su compañera de oficina, Olivia. Se quita el abrigo rojo que lleva y lo deja caer en su silla. Después se sienta, saca el pintalabios rojo que ha metido esta mañana en el bolso junto a un pequeño espejo, y se retoca los labios rápida y cuidadosamente, sin salirse de la línea que dibujan. El ordenador está encendido así que es hora de ponerse a trabajar. Fija la mirada en las paredes de la oficina de vez en cuando, repletas de bocetos y fotos, en busca de inspiración. Y es entonces cuando se para a pensar en todo lo que ha logrado hasta ahora, en todo lo que ha trabajado para tener lo que siempre ha soñado. En ese momento se le escapa una sonrisa. Una sonrisa de satisfacción y felicidad. Una sonrisa que significa "tengo la vida que me merezco, y no puedo estar más orgullosa de mí misma por todo lo que he trabajado para llegar a ser quién soy hoy en día." Los recuerdos le invaden la mente. Recuerda perfectamente cada rincón de los lugares en los que tomó todas esas fotografías ahora expuestas en la pared. Vuelve a sonreir. Se le ha ocurrido una idea. Y, rápidamente pone la mirada en su ordenador, da un sorbo al café que le ha traído su compañera y comienza a teclear.

¿Qué os ha parecido este post? Quería subir otro tipo de entrada, y se me ha ocurrido que a lo mejor podría escribir una mini-historia. ¡Espero que os haya gustado!

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