miércoles, 29 de octubre de 2014

Porque lo fácil es aburrido

Estos días estoy descubriendo una faceta de mí misma a la cual nunca me había parado a prestar atención. Me he dado cuenta de que cuando dispongo de algo fácil o algo que puedo conseguir sin a penas obstáculos, alguien que está dispuesto a hacer cualquier cosa por verme, mi mente crea algún tipo de muro invisible que me impide aportar lo que recibo de vuelta. Hay una posibilidad de que esa reacción en mí ocurra debido a que lo fácil me parece algo que no será bueno, que al final me aburra, y puede que eso me lleve a no conformarme y a aspirar a algo más, porque siempre encontraré algún defecto en lo fácil. 


Me atrae lo difícil, la aventura, la superación, la incertidumbre, el constante pensamiento de qué pasará después, la adrenalina, pero sobre todo la vida. La vida que quiero vivir a mi manera, sin premeditar demasiado, sin pensar en el futuro, viviendo el día a día porque eso es todo lo que tenemos. Quiero sacar fotos de todos los lugares que visito, bañarme desnuda en la playa una noche de verano, besar a gente, leer hasta que me quede dormida, probar el café de todas las cafeterías de la ciudad, dedicar mi vida a lo que verdaderamente me apasiona, sentir intensamente, tirarme en paracaídas, enamorarme, desenamorarme, llorar, reir, abrazar, comprar todos los cds de los grupos que me gustan y escucharlos en el coche junto a esa persona especial, inundar mi apartamento con el aroma de mis velas favoritas, ver infinitos atardeceres, disfrutar de la vida. Porque me atrae lo difícil. Quiero arriesgarme a que las cosas puedan ir mal, pero siempre trabajando hasta que las manos me sangren para que eso no ocurra, y poder celebrar la victoria al final del trayecto. Y volcarme en otro viaje lleno de nuevas experiencias y locuras. Eso es lo que me atrae de esta vida que el universo me ha dado la oportunidad de vivir. Y he decidido que la voy a aprovechar al máximo.

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